• Principessa Jackson

Mi viaje a Cuba - segunda parte

Con todo y los por menores que pasaron al inicio del viaje, llegamos a un bonito hotel, en el cual, para mi buena fortuna, se hospedo un equipo de Rugby, en el desayuno que incluía nuestra estancia, también fue una buena ocasión para que observara la belleza masculina que ronda en el viejo mundo, ahora mismo no recuerdo si eran españoles, solo recuerdo que donde estaba formada, estaba el equipo completo, mi apetito se perdió en ese mar de hermosos hombres.


Después de este particular recuerdo, ahora si, era de día, habíamos descansado, desayunado, salimos y conocimos a un taxista, el cual nos dijo que nos llevaría al hostal perfecto para nosotros, para lo que buscábamos con nuestra economía. Llegamos a un lugar muy bonito, cerca del malecón, era una casa enorme, con patio central, varios cuartos y un segundo piso, nos dijeron que nuestra habitación sería por lo pronto, la VIP, pero con precio de la normal, pues esa se desocuparía al siguiente día, y para ellos darnos esa enorme habitación mientras se desocupaba la otra, no era problema, les gustaban los turistas, así que si, fuimos al segundo piso, una habitación con dos recamaras, una cocina y comedor, cada uno de nosotros tomo un cuarto, nos pusimos ropa más cómoda y nos fuimos a caminar por el hermoso centro de la Habana.


Describir la Habana sin suficientes fotos - pues en ese entonces no se subían a las redes y si no se imprimían se perdían, por lo que espero que sea algo que les guste de mi escrito, pues son mis memorias de ese bello lugar lo que comparto- el malecón, ese hermoso lugar que el mar con sus olas golpeaba una y otra vez, olas implacables, feroces, pero bellas e hipnotizantes; frente a ello los edificios y vehículos te transportaban a otra época, parecía que habíamos viajado 50 años en el tiempo. El olor del mar, mientras las olas golpeaban el malecón, la algarabía de la gente, los edificios, viejos, pero vivos en su inmensa estructura que parecían a punto de colapsar, una hermosa belleza que hacían de la Habana, un lugar increíble.


Ahí íbamos, caminando y maravillándonos, cuando nos encontramos a un grupo de jóvenes cubanos, se dieron cuenta que eramos turistas, así que decidieron charlar con nosotros; de pronto vemos que llega una pipa al otro lado de la calle, y mucha gente se acerca, ellos nos dicen que esas pipas están llenas de cerveza pero que solo se vende a los cubanos, por lo que nos ofrecen comprar cerveza para nosotros, les damos 5 dolares, después de unos minutos regresan con bastantes vasos de papel encerado, conteniendo cerveza sacada de esa pipa, nos sentamos a la orilla del Malecón, era la primera vez que yo tomaba cerveza en un vaso de papel encerado, algo para recordar por siempre. Ellos nos cuentan parte de su vida, enfrente, la pipa y los cubanos a su alrededor en una gran fiesta, comparamos mas cerveza, ellos eran alrededor de 6 o 7 chicos y chicas, conversamos de muchas cosas, yo llevaba una libreta de notas intentando capturar todo lo que mi cerebro, pero sobre todo mi corazón pudiera llegar a olvidar.



Fue una linda tarde, conocí las huahas por primera vez, acaricie los autos de la época de los 50, tan cuidados, que parecían de aquel año en el que nos encontrábamos, también supe como viajaban los cubanos y el trato que recibíamos por ser turistas. De regreso a nuestro hostal, decidimos descansar un poco.


De pronto la noche llego, una chica toco la puerta, mi amigo la atendió, yo tenía vista de la puerta desde mi cama, ella, muy guapa le dijo: ¿qué tú necesitas una mujer en tu cama?- con ese acento tan característico de los cubanos- Mi amigo sorprendido, volteó a verme y le dijo que no, que se había equivocado de lugar, ella se fue, buscando al hombre que si necesitaba una mujer en su cama. Salimos a una terraza sobre nuestro cuarto, ahí estaba el dueño y un chico que trabajaba en el hostal, ambos nos contaron sus historias, el chico, quería salir de la Isla, y si, me ofreció matrimonio para ser su boleto de salida. El dueño del hostal nos contó que hacía mas de 20 años no veía a su familia que estaba en Miami, recuerdo que comento conocer o ser familiar de Cesar Ebora. Desgraciadamente en esta parte de la historia, nos dimos cuenta que una de las cosas que más se mencionaban de Cuba, era verdad, la prostitución era el medio de vida de muchos cubanos, inevitable mencionar a la chica que había tocado minutos antes a nuestra puerta, en ese hostal, muchos huéspedes iban solo a eso. Conocimos a un Suizo, que me perdone la expresión, viejo, feo y con pelos en todo su cuerpo, bastante desagradable, me horrorizo cuando vi a la chica que le habían conseguido, aún hoy, puedo recordar su expresión cada que lo cuento.


Sabíamos que no todas las anécdotas serían buenas o divertidas, habíamos tenido ya nuestra dosis de diversión y nuestra dosis de realidad, sin embargo, poco o nada podíamos hacer, eramos turistas, yo iba queriendo conocer la situación del país, solo por saber, por conocer la continuación de todos los libros que había leído, mi amigo, le gusta viajar, conocer, Cuba es hermosa, pero también es real como muchas partes del mundo, ahí encima de la casa podíamos ver el Malecón, el dueño del hostal señalo hacía el mar, y dijo: ahí, ahí esta Miami, mi familia... pero mi hermano vendrá pronto, ya pronto ellos podrán viajar.


No toda la charla fue triste, nos contó cosas lindas por igual, hablo de los cubanos como Cesar Ebora que triunfan fuera de Cuba, pero también de los que no le gustan porque para él ponían en mal el nombre del país, la brisa cercana al mar, las luces y a lo lejos el carnaval, hicieron que detuviera mi atención a él, deje que el viento me susurrara al oído, que me llevara a imaginar no solo lo que ahí se charlaba, sino lo que en el mundo giró, para nosotros estar ahí, sin saber que nos depararía el futuro.


No se la hora en la que decidimos regresar al cuarto, el chico cubano que me ofreció matrimonio cuando se dio cuenta que yo no estaba interesada se fue, el dueño del hostal de pronto se puso nostálgico, viendo hacía Miami, nosotros supimos que era tiempo de dejarlo solo, regresamos un poco pensativos, de cuarto a cuarto charlamos sobre como en un día se puede vivir tan feliz con la gente en el malecón y como, en un momento de nostalgia, conocer la historia de una familia separada. Había pasado otra noche, el viaje realmente había comenzado, era tiempo de empezar a recolectar las historias en la memoria, en esa a largo plazo que no debe olvidarse, pero esta historia precisamente aún no termina, ahora viene la mejor parte, la del camino por Cuba, la de conocer más historias, pero esa vendrá en una tercera parte, porque aunque en inicio esta no era la manera en la que quería contarla, creo, que debo ser detallista con mi historia, aunque no recuerde los nombres de todos, los rostros de cada una de esas personas con las que me cruce siguen vivas cada que abro el cajón de mi cerebro que guarda "Cuba", ahora solo intento en dos partes mostrarles el inicio de la aventura, que terminará, sin quererlo, siendo una trilogía.


Continuará...

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