• Principessa Jackson

Mi viaje a Cuba - última parte

Antes de iniciar esta ultima parte, me negaba un poco a escribirla, tengo un par de borradores sobre películas, pero no sabía si era correcto publicarlas antes de terminar mi historia, pues pudiera luego perderse el sentido o como a algunos les ocurre: pierdes el interés de tus lectores al posponer el desenlace, porque me aconsejo uno de mis buenos amigos que la dividiera, pero que no tardara en concluirla.


Así que, iniciemos el fin: después de haber recorrido dos días la Habana, buscábamos le mejor manera de transportarnos a Santa Clara, además de la Sierra Maestra y otros bellos lugares que me interesaba conocer, conocimos a otro taxista que nos ofreció llevarnos a recorrer parte de la isla, empezando por la Bahía de Cienfuegos. Así que aceptado su trato, partimos con él a tan magnifico lugar, mi amigo es Arquitecto, así que además de quedar maravillados por la hermosa vista de la Bahía, me explicaba los detalles de los bellos edificios, recuerdo uno, cercano al mar, que tenía hermosos detalles, muchos con cúpulas; además de caminar en la Bahía en el parque Martí, conocer el lugar era realmente enriquecedor. Aunque ahí solo estuvimos parte de la mañana y medio día, ya que nos quedaríamos a dormir en Trinidad.


Después de disfrutar todo el centro de Cienfuegos, partimos. En este tramo del camino nos toco un fenómeno natural que me partió el corazón, aun hoy al recordarlo mi cuerpo se estremece. Mientras transitábamos por la carretera, note que a lo lejos esta se tornaba ¿roja? ¿Naranja? ¿Alguien pintaba las carreteras en medio de la nada en Cuba? Pregunte al taxista que era eso, me dijo que eran cangrejos, cuando lo escuche, sentí el crujir de las llantas, ya habíamos alcanzado el naranja debajo de nosotros, horrorizada me asome por la ventana y descubrí no solo que el naranja de la carretera eran miles de cangrejos aplastados, sino que aún iban muchos cangrejos vivos y nosotros asesinamos a varios de ellos, el taxista me explicó lo que ahí pasaba, aunque sin prestarle ya atención a sus palabras pues mis ojos estaban a punto de explotar y en mi cabeza solo quería haber tenido una fuerza descomunal para cargar el carro, algo más que solo ver eso; él seguía hablando, yo perdida en mi deseo solo observaba como la mancha naranja desaparecía detrás de nosotros y mi corazón moría un poco con ella.


Después de la tristeza que me causo el camino, antes de trinidad, paramos en un puesto en medio de la nada a comer. Era un puesto de tortas, mi amigo dijo: tortas cubanas!! El taxista lo vio como imaginando lo que quería decir con eso si estábamos en Cuba. La sorpresa fue conocer una verdadera torta cubana, la cual, no me atreví a comer, resulta que el puesto, modesto como muchos acá en México tenia un cerdo abierto en canal sobre las brazas, y una bolsa de pan, cortaban un trozo del mismo, el cual aún conservaba su cabeza y verlo, después de los cangrejos casi hacía que me desmayara -debo aclarar que no soy vegana, aunque hubo un tiempo que fui vegetariana, amo a los animales, y aunque como carne, siempre me ha dolido el maltrato al mismo y eso hace que muchas veces deje de consumirlos, pero no siempre he podido hacerlo-; así que realmente no tenía apetito, mi amigo si, le prepararon su torta "cubana", comentó mientras comía como eran las tortas cubanas en México, a lo que ellos se sorprendieron de todo lo que decía tener esa torta famosa y al final fue que la torta que mi amigo se comió solo era un trozo de cerdo en una hogaza de pan con un extraño aceite con ajo y otras hierbas.


Ya pasado un poco el trago amargo por fin llegamos a Trinidad, no conozco San Miguel de Allende, pero mi amigo dijo que le recordaba mucho a esa hermosa ciudad de México que espero pronto conocer. Ahí, el taxista nos llevo a una hermosa casa en estilo colonial -todo trinidad es así-, conocimos a nuestros anfitriones y nos hospedamos; aún era temprano y decidimos caminar un poco, llegamos a la plaza principal, yo iba encantada con cada rincón de esa bella ciudad, en la plaza nos encontramos con un grupo de jóvenes trinidenses (no se si sea correcto el termino, pero me gusta como suena), una de las charlas que tuvimos fue cuando vieron mi discman, me preguntaron que escuchaba, les dije que a Michael Jackson - explicarles la emoción en sus rostros cuando dije eso sería alargar la historia, la cual les prometí terminar en esta entrada- les dije que en ese disco tenía toda la discografía de Michael, ellos no habían escuchados sus últimos dos o tres discos, así que como pudimos improvisamos una pequeña bocina con mis audífonos para escuchar las canciones que no conocían, de sobra esta decir todo el tiempo que les platique lo que había pasado con Michael todo ese tiempo antes de que yo llegara con ellos, jamás olvidare la atención y sorpresa en sus caras, les pregunte si tenían un reproductor de cds, me dijeron que si, saque mi CD, se los regale, les prometí que si volvía algún día les regalaría DVDs de Michael -promesa que aún deseo mucho cumplir-.


Ellos tenían una bici-taxi a la que nos invitaron para recorrer el lugar, querían llevarnos a conocer toda la ciudad, las cascadas, hacían mil planes, pero tristemente les dijimos que solo pasaríamos la noche en Trinidad, pues el destino era Santa Clara, nos preguntaron la hora que nos iríamos, pues querían despedirse. Al regresar a la casa donde nos hospedábamos nos dieron de cenar y pudimos charlar con la familia, nos dijeron que amaban las novelas mexicanas, la forma de verlas por la restricción del gobierno en la televisión era que algún familiar o amigo se las mandara en VHS, los cuales eran revisados antes de ser entregados a sus destinatarios, de esa forma se daban cuenta de lo que pasaba en el mundo, no solo en las novelas. Aunque la casa era vieja, los cuidados y limpieza de la misma no demostraban eso. A la mañana siguiente nuestros amigos nos esperaban afuera, me regalaron unas monedas y un billete con la imagen del Che Guevara, en agradecimiento a mi gesto de regalarles mi disco de Michael Jackson.

Me entristeció dejar Trinidad y toda esa bella gente que solo tuve el placer de conocer unas horas, pero el itinerario ya había sido programado días antes, así que por fin, nos fuimos a Santa Clara. Recorrimos la ciudad, vi el vagón del tren, que quien no conoce la historia de la revolución cubana le será difícil entender el porque estaba ahí. llegamos al mausoleo del Che, entramos, recorrimos el lugar, leí todo cuanto había en el mausoleo recordando mis libros. Aunque ya no alcanzaría mi viaje para llegar al otro extremo de la isla, a la Sierra Maestra, estar ahí, en ese momento del tiempo y del espacio me hace ahora sentir la nostalgia del futuro que esperaba en mi vida, mi amigo me dejo unos momentos sola, reflexionando, ideando, soñando, creando, esperando algo que a 15 años de haber ocurrido, precisamente en este febrero, me hace que mis dedos tiemblen al escribirlo, aquel año, aquella época, aquella Nicia parecen tan lejana y tal vez un poco extraña para la que ahora escribe; sin embargo algo que deseaba mucho entonces era escribir, que me leyeran y pensar en la gente que me ha mandado mensajes con esta historia que hoy esta a punto de terminar hace que llore, por lo que fue, por lo que creía que sería y por lo que esta resultando ser... He dejado unos minutos de escribir porque el llanto me ha ganado y no me deja continuar con la historia, recordar la frase "eramos tan felices y no lo sabíamos". El Che Guevara es un personaje mundialmente conocido, amado por unos, odiado por otros, pero algo que me hizo adentrarme en conocer su historia fueron sus ideales, sus ganas de hacer una revolución mundial, no defiendo sus formas, no se, por lo que conocí de Cuba y lo que conocí del mundo y de sus biografías que tanto bien o que tanto mal hizo, yo, como él, como Michael Jackson también he intentado cambiar, aunque sea un poco, la parte del mundo que me corresponde, e igualmente he fallado, he sufrido, he llorado, pero como ellos creo he obtenido algunas victorias, tal vez solo significativas para mí, aunque no siento que este en el ocaso de mi vida, creo aún firmemente que puedo seguir luchando por hacer la diferencia y como diría el Che "Hasta La Victoria Siempre Comandante".



Después de este emotivo momento, continuemos el relato. De Santa Clara nos fuimos a las hermosas playas de Varadero, era tiempo de que mi amigo disfrutara un poco Cuba, solo que, Varadero haría que nos peleáramos; ya eran demasiados días sin explotar uno contra el otro, el azul hermoso hizo que ocurriera. El taxista nos dejaría en Varadero y de ahí regresaríamos a la Habana. No nos poníamos de acuerdo en que hotel hospedarnos, mi amigo tenía problemas con su tarjeta de banco, yo ya estaba bastante corta de dinero, él no quería buscar un hostal, en un banco cubano discutimos antes de que fuéramos atendidos, me enoje mucho con él, sin decirle nada, me salí del banco. Habíamos dejado nuestras maletas en el hotel sin habernos hospedado aún, fui por mi mochila y me dirigí la central de autobuses de Varadero, en ese entonces no había teléfonos celulares como ahora con tanta cobertura o tarifas para estar en otro país, así que sin más, enojada con él, me fui a la Habana.


Llegue a La Habana como a las 10 de la noche, hasta que no baje del autobús tuve el miedo de estar sola, de noche, sin conocer; un chico me pregunto si buscaba alojamiento, me fui detrás de él, a medida que avanzábamos en las calles me di cuenta que no debí dejar a mi amigo, llegamos a la casa del chico, me presento a su mamá, me dieron una habitación, decidí dormir, aunque en aquel entonces mi fobia a la oscuridad no me permitió conciliar el sueño. Al otro día me dieron de desayunar y me dijeron que tenían una salsa mexicana super picosa que no habían podido terminar, me emocione al por fin probar algo mexicano, pero era Salsa Valentina y el espanto de sus ojos cuando bañe mis huevos con ella aun lo recuerdo como si hubiera sido esta mañana. Me fui a recorrer los museos y el centro de la Habana, cuando quise regresar a la casa, me perdí un poco, regrese sobre mis pasos y encontré la casa, sí, por un momento me asuste. En la tarde acudí al primer hostal donde estuvimos, ahí me dijeron que igualmente mi amigo había acudido en mi búsqueda y había dejado un teléfono donde se hospedaba, me prestaron su teléfono, me comunique, quedamos de vernos en el malecón, cuando lo vi llegar él jura que mi cara de emoción es como de un naufrago siendo rescatado, yo le digo que lo vi normal, así nos la hemos pasado discutiendo desde entonces.


Fuimos por mis cosas a la casa donde me hospedaba, me despedí de la familia y tomamos un bicitaxi que casi hace que armemos un conflicto internacional, como dije en mi segunda historia ya nos habían explicado el trato a los turistas y los cubanos, la bicitaxi que tomamos no tenía permiso para viajar con turistas, nos detuvo una patrulla, yo con cámara en mano -si, de las antiguas vídeo grabadoras- le dije a mi amigo que filmará, me puse a discutir con los oficiales, que no permitiría que se llevaran a ese buen hombre, mi amigo no se asusto, bueno si, no quiso grabar, yo le pedía que lo hiciera, que iríamos a la embajada -con quien haya que ir-. Recuerdo unos chicos sentados en la banqueta instándome a pelear por ese buen hombre, diciéndole a mi amigo que filmara todo, pero se reían así que creo no era tan en serio su apoyo a mi persona. Uno de los policías tan alto como un basquetbolsita se acerco a mi, fue una escena de esas donde yo de 1.64 de altura discutía con alguien de dos metros, él, muy amable me explico que no podía hacer nada y que se llevarían al señor y su bici taxi detenidos, empece a llorar rogándole que no lo hicieran, el hombre de la bici taxi me dijo que no me preocupara, que agradecía mi valor y coraje, así, los vi alejarse en la patrulla.


Llegamos al lugar donde se hospedaba mi amigo, un lugar de santistas, que fue el origen de una de mis mejores y más divertidas anécdotas que aun hoy hace reír a muchos, no se si lo logre con ustedes, pues necesitarían ver mis caras e imitar el acento del santista que le leyó los caracoles a mi amigo, además de mi movimiento de mecedora. Sería nuestra última noche, el hermano de la dueña de la casa nos dijo y mostró todo su curriculum como brujo santista, con estudios en Portugal y varias partes del mundo y dijo que sin costo le leería los caracoles a mi amigo. Fue muy divertido esa ultima noche en Cuba, el santista no adivino ni una sola cosa de la vida de mi amigo, ni siquiera las que él previamente le había comentado, yo en mí mecedora observándolo todo, me reía discretamente.


Al final descansamos, era el ultimo lugar donde estaríamos. A la mañana siguiente partimos de Cuba, yo con muchas ilusiones, esperando viajar a mas lugares fantásticos, reforzando con ese viaje la amistad con mi mejor amigo y esperando, aun después de tantos años, un día, volver a Cuba.





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